Patricia nos contó que cuando ella era pequeña escuchaba de las madres que los hombres se hacían pasar por fantasmas para estar con mujeres que estaban casadas o tenían algún tipo de compromiso que le impedían verse con ese hombre. Los hombres se ponían una manta blanca rodeada en la cabeza con una pequeña luz para que la gente no lo conociera, aunque  esto lo solían hacer por la noche. La mujer siempre lo esperaba en la casa. Una vez allí el ya se quitaba la sabana blanca y se reunía con la mujer, allí  pasaban el rato.

 

Contado por Patricia (abuela de Rocío).

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